Homilía para Jueves Santo
29 Marzo 2018
Lectura: 1Cor 11,23-26
Evangelio: Jn 13,1-15
Autor: P. Heribert Graab S.J.
Según las sugerencias de Roland Kerschbaum, en “Volk Gottes” 3/2018
En mi niñez y juventud lo esencial en la celebración de la Santa Misa era la ‘transubstanciación’-
más exactamente: lo verdaderamente esencial eran las palabras de la transubstanciación.
Me acuerdo de un sacerdote que pronunciaba estas palabras de la transubstanciación sobre el pan y el vino como una fórmula mágica, recalcando letra por letra: “Hoc es enim corpus meum” con temor por si se atragantaba en alguna letra.

Hoy la Iglesia evita este malentendido de sortilegio:
Toda la celebración de la Eucaristía tiene carácter transformador;
Sobre todo en su núcleo la oración central con la institución,
Jesús es indudablemente es un gran ‘artista de la transformación’,
pero es muy diferente a un ‘mago’.
Palabras muy sencillas y casi demasiado frecuentes relatan en la Lectura de este Jueves Santo una transformación milagrosa:
“Jesús el Señor, tomó, en la noche en la que fue entregado, pan, pronunció la bendición, partió el pan y dijo: Esto es mi cuerpo…”

En el tomar, en la aceptación de la realidad y en la acción de gracias con palabras de alabanza está fundamentada la transformación.
Jesús toma para la Cena cosas muy frecuentes.
Él toma pan y vino y con ellos en último término el mundo entero.

Jesús, al mismo tiempo, toma y acepta.
Jesús toma Su vida y acepta Su misión,
Su envío a los seres humanos, hasta su última consecuencia que es la muerte.
Porque Él mismo se sabía aceptado por Dios,
Su Padre amoroso,
Acepta con el pan y el vino todo el mundo
y también mi vida y la vida de todos con todas sus implicaciones en la maldad del mundo.
¡Jesús acepta para transformar!
Y ciertamente esto es también la misión de nuestra vida:
Lo que no se acepta tampoco puede ser salvado.
Lo que no se acepta no puede cambiarse o transformarse:
Problemas, necesidades, preocupaciones, cargas pesadas, enfermedades, crisis en las relaciones.
Todo necesita a la corta o a la larga la aceptación,
sabiendo que yo he sido aceptado por otro mucho antes.

La acción de gracias es el segundo e importante elemento de la trasformación.
Quien vive eucarísticamente puede dar gracias,
el que hace el bien en el mundo y puede transformar una parte de él.
La acción de gracias es más que algo inculcado.
Agradecer es cosa del corazón,
es la aceptación afirmativa de mi mundo con todo lo que hay en él.
Esto seguramente no es siempre fácil,
especialmente cuando se trata de algo malo para mí,
cuando las obscuras nubes tormentosas de la vida arrecian.
Pero también entonces hay que considerar que en el agradecer se halla el bendecir.
Quien contempla el mundo con ojos de gratitud,
éste transforma una parte y también el mundo.

Jesús da gracias en la noche previa a Su muerte.
Con seguridad a Él este agradecimiento no le fue fácil humanamente.
Pero Él añade una palabra:
Haced esto en memoria mía.
Y Él refuerza esto con el signo del lavatorio.
Haced esto en memoria mía – por tanto, esto significa no sólo:
Celebrad siempre la Eucaristía.
Significa también:
¡Dejaos transformar sirviéndoos mutuamente!
Colaborad en la transformación del mundo.
¡Colaborad en que haya un espacio vital para todos los seres humanos!

¡Quisiera terminar adecuadamente con un texto
del sacerdote, párroco y lírico, Lothar Zenetti.
Él escribe sobre el Concepto INCONSECUENTE:

Preguntad a cientos de católicos
lo que es más importante en la Iglesia.
Contestarán:
La Misa.

Preguntad a cientos de católicos
lo que es más importante en la Misa.
Contestarán:
la transubstanciación.

Decid a cientos de católicos
que lo más importante en la Iglesia
es la transformación.
Se indignarán:
No, ¡todo debe quedar como está!

Por tanto, dejémonos hoy transformar,
para que después también podamos cooperar
en la transformación del mundo.

Amén.
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