Elija am Horeb
(1. Kön.19,1 - 16)

Die Elija-Bilder von Janet Brooks Gerloff
in der Abteikirche Kornelimünster




Ahab erzählte Isebel alles, was Elija getan, auch daß er alle Propheten mit dem Schwert getötet habe. Sie schickte einen Boten zu Elija und ließ ihm sagen: Die Götter sollen mir dies und das antun, wenn ich morgen um diese Zeit dein Leben nicht dem Leben eines jeden von ihnen gleich mache. Elija geriet in Angst, machte sich auf und ging weg, um sein Leben zu retten. Er kam nach Beerscheba in Juda und ließ dort seinen Diener zurück. Er selbst ging eine Tagereise weit in die Wüste hinein. Dort setzte er sich unter einen Ginsterstrauch und wünschte sich den Tod. Er sagte: Nun ist es genug, Herr. Nimm mein Leben; denn ich bin nicht besser als meine Väter. Dann legte er sich unter den Ginsterstrauch und schlief ein. (1.Kön. 19, 1 - 5a)

Verzweiflung drückt Elija nieder.
Er kann nicht mehr.
Er will nicht mehr.
Alles steht gegen den Weg, - die Zukunft, - das Leben.
Er flieht vor der Verfolgung der Königin,
- den Widrigkeiten, - sich selbst.
Gott-verlassen allein,
verkrochen in sich selbst -
unter einen Ginster,
der kaum Schatten spendet.



Doch ein Engel rührte ihn an und sprach: Steh auf und iß! Als er um sich blickte, sah er neben seinem Kopf Brot, das in glühender Asche gebacken war, und einen Krug mit Wasser. Er aß und trank und legte sich wieder hin. Doch der Engel des Herrn kam zum zweitenmal, rührte ihn an und sprach: Steh auf und iß! Sonst ist der Weg zu weit für dich. (1.Kön. 19, 5b - 7)


Ein Engel rührt ihn an, - ein Engel?

Die Augen öffnen sich ihm
für ein Weniges: Wasser und Brot -
möglicherweise von ihm selbst mitgebracht,
aber er beachtete und achtete es nicht.
Das reicht doch weder vorne noch hinten...
Nimm das Wenige, was du hast, Elija!
... und das Bisschen reicht
für den langen Weg

vierzig Tage und Nächte, -
bis zum Gottesberg.


Da stand er auf, aß und trank und wanderte, durch diese Speise gestärkt, vierzig Tage und vierzig Nächte bis zum Gottesberg Horeb. Dort ging er in eine Höhle, um darin zu übernachten. Doch das Wort des Herrn erging an ihn: Was willst du hier, Elija? Er sagte: Mit leidenschaftlichem Eifer bin ich für den Herrn, den Gott der Heere, eingetreten, weil die Israeliten deinen Bund verlassen, deine Altäre zerstört und deine Propheten mit dem Schwert getötet haben. Ich allein bin übriggeblieben, und nun trachten sie auch mir nach dem Leben. Der Herr antwortete: Komm heraus, und stell dich auf den Berg vor den Herrn! Da zog der Herr vorüber: Ein starker, heftiger Sturm, der die Berge zerriß und die Felsen zerbrach, ging dem Herrn voraus. Doch der Herr war nicht im Sturm. Nach dem Sturm kam ein Erdbeben. Doch der Herr war nicht im Erdbeben. Nach dem Beben kam ein Feuer. Doch der Herr war nicht im Feuer. Nach dem Feuer kam ein sanftes, leises Säuseln. Als Elija es hörte, hüllte er sein Gesicht in den Mantel, trat hinaus und stellte sich an den Eingang der Höhle. (1.Kön. 19, 8 - 13)

Geborgenheit sucht Elija am Horeb-Gebirge.
In seine Höhle verkriecht er sich,
sich zu schützen gegen Nacht, Gefahr
und überhaupt.
Doch eine Stimme raubt ihm den Schlaf -
eine innere Stimme,
die Gottes zu sein behauptet.
Stehe ich mir selbst im Weg? Was will ich?
Stell dich, Elija! Lausche!
Nicht im Getöse, - im Leisen
zeigt sich der Weg.
Da vernahm er eine Stimme, die ihm zurief: Was willst du hier, Elija? Er antwortete: Mit Leidenschaft bin ich für den Herrn, den Gott der Heere, eingetreten, weil die Israeliten deinen Bund verlassen, deine Altäre zerstört und deine Propheten mit dem Schwert getötet haben. Ich allein bin übriggeblieben, und nun trachten sie auch mir nach dem Leben. Der Herr antwortete ihm: Geh deinen Weg durch die Wüste zurück, und begib dich nach Damaskus! Bist du dort angekommen, salbe Hasaël zum König über Aram! Jehu, den Sohn Nimschis, sollst du zum König von Israel salben, und Elischa, den Sohn Schafats aus Abel-Mehola, salbe zum Propheten an deiner Stelle. (1.Kön. 19, 14 - 16)


Nur ein Windhauch und Säuseln...
Aber Elija ist aufgerichtet
und stark schreitet er aus -
in die alte Wüste zurück
und durch die Wüste hindurch
am Ginster von damals vorbei, -
vorbei am Karmel des Sieges über die Baal-Propheten, -
nach Damaskus, einen König zu salben.
... stark schreitet er aus, - unendlich gestärkt.
Impulstexte:
Albert Altenähr OSB

Abtei Kornelimünster

Elías en el Horeb
(1 Re 19,1-16)

Las imágenes de Elías de Janet Brooks Gerloff
son de la Iglesia de la Abadía Kornelimünster


Ajab refirió a Jezabel cuanto había hecho Elías y cómo había pasado a cuchillo a todos los profetas. Envió Jezabel un mensajero a Elías diciendo: “Que los dioses me castiguen si mañana a estas horas no he puesto tu vida igual que la vida de uno de ellos.” Elías tuvo miedo, se levantó y se fue para salvar su vida. Llegó a Berseba de Judá y dejó allí a su criado. Él se adentró por el desierto una jornada de camino y fue a sentarse bajo una retama y se deseó la muerte y dijo: “¡Basta ya, Señor! ¡Toma mi vida, porque no soy mejor que mis padres! Se acostó y se durmió bajo una retama.” (1 Re 19, 1-5a)



La desesperación aprieta a Elías.
No puede más. No quiere más.
Todo está contra el camino, - el futuro, - la vida.
Huye de la persecución de la Reina, -
de las contrariedades, -
de sí mismo.
Abandonado de Dios, sólo,
escondido en sí mismo –
bajo una retama,
que apenas da sombra.
Pero un ángel le tocó y le dijo: ¡Levántate y come! Cuando miró a su alrededor vio a su cabecera una hogaza cocida, todavía caliente, y un vaso de agua. Comió, bebió y se volvió a dormir. De nuevo el ángel del Señor le tocó y le dijo: Levántate y come, pues te queda todavía un camino muy largo. (1 Re 19, 5b-7)

Un ángel le toca, - ¿un ángel?
Los ojos se le abren un poco:
Agua y pan –
posiblemente traído por él mismo,
pero él no lo tenía en cuenta
y no se fijaba en ello.
Esto no le es suficiente
ni por delante
ni por detrás…
¡Toma lo poco que tú tienes,
Elías!
… y esto poco es suficiente para el largo camino de cuarenta días y cuarenta noches –
hasta el monte  de Dios.
Él se levantó y comió y bebió; y con la fuerza de aquel alimento anduvo cuarenta días y cuarenta noches hasta el monte de Dios, el Horeb. Cuando Elías llegó al monte entró en una gruta y pasó allí la noche. El Señor le dirigió Su Palabra: ¿Qué haces aquí, Elías? Él respondió: Me consume el celo por el Señor todopoderoso, porque los israelitas han roto tu alianza, han destruido tus altares y han matado a tus profetas. Sólo he quedado yo y me buscan para matarme. El Señor le dijo: Sal y quédate de pie ante mí en la montaña. ¡El Señor va a pasar!
Pasó primero un viento fuerte e impetuoso, que removía los montes y quebraba las peñas, pero el Señor no estaba en el viento. Al viento siguió un terremoto, pero el Señor no estaba en el terremoto. Al terremoto siguió un fuego, pero el Señor no estaba en el fuego. Al fuego siguió un ligero susurro. Elías, al oírlo, se cubrió el rostro con su manto y, saliendo fuera, se quedó de pie a la entrada de la gruta. (1 Re 19,8-13)


Elías busca seguridad en el Monte Horeb.
Se esconde en su cueva
para protegerse de la noche,
del peligro y en general de todo.
Pero una voz le aparta del sueño –
una voz interior, que afirma
ser de Dios.
¿Me estorbo a mí mismo?
¿Qué quiero?
¡Preséntate, Elías!
¡Escucha!
No en el estrépito,
- en lo quedo se muestra el camino.
Y una voz le preguntó: ¿Qué haces aquí, Elías? Respondió: Me consume el celo por el Señor todopoderoso, porque los israelitas han roto tu alianza, han destruido tus altares y han matado a tus profetas. Sólo he quedado yo y me buscan para matarme. El Señor le dijo: Anda, regresa por el camino del desierto a Damasco y a tu llegada unge a Jazael como rey de Siria; a Jehú, hijo de Namsí, como rey de Israel; y a Eliseo, hijo de Safat, de Abelmejolá como profeta sucesor tuyo. (1 Re 19, 14-16)   


Sólo un soplo de viento
y murmullos…
Pero Elías está derecho
y grita fuertemente
– de nuevo en el viejo desierto
y a través del desierto
junto a la retama de entonces –
delante del Carmelo de la victoria sobre los profetas de Baal –
hacia Damasco para ungir a un Rey.
… grita fuertemente –
inmensamente fortalecido.
Textos del Impulso:
Albert Altenähr OSB
Abadía Kornelimünster